Nínive

Capital del Imperio Neoasirio bajo Senaquerib, Esar-Hadón y Asurbanipal. Centro de culto de Ishtar de Nínive. La Biblioteca de Asurbanipal preservó el Épico de Gilgameš y miles de tablillas — improbable arca akáshica de Mesopotâmia.

Lamassu (toro alado con cabeza humana) — protección de los portales reales asirios en Nínive y ciudades vecinas
Lamassu (toro alado con cabeza humana) — protección de los portales reales asirios en Nínive y ciudades vecinasWikimedia Commons

Ubicación y nombre

Nínive (acadio Ninu(w)a, Ninâ; hebreo Nīnəwēh; árabe Naynawa) es ciudad-Estado y capital imperial a orillas del río Tigris, en el norte de Mesopotâmia. El sitio moderno es el complejo de Kuyunjik y Tell Nebi Yunus, dentro del área urbana de Mosul, en Irak (gobernación de Ninawa).

Período

La ocupación del sitio es antigua (capas neolíticas hacia el 6000 a.C.), pero la importancia política llega mucho después:

  • Período acadio/babilónico — Nínive es centro de culto de Ishtar local pero políticamente secundaria.
  • Período medioasirio (~1400–1050 a.C.) — Nínive asciende como ciudad real.
  • Período neoasirio (~911–612 a.C.) — apogeo absoluto. Bajo Senaquerib (~705–681 a.C.), Nínive se convierte en capital del Imperio Neoasirio, con murallas monumentales, palacios decorados con relieves narrativos, sistema de acueductos y jardines. Esar-Hadón y Asurbanipal (~668–627 a.C.) consolidan el estatus.
  • Caída — en el 612 a.C., una coalición de medos, persas y babilonios destruye Nínive. La devastación es tan completa que la memoria de la ciudad se pierde, y durante siglos su localización es solo aproximada. El redescubrimiento sistemático llega en el siglo XIX con Layard y Rassam.

La Biblioteca de Asurbanipal

El legado cultural más importante de Nínive es la Biblioteca de Asurbanipal — colección de aproximadamente 30.000 tablillas cuneiformes que el rey Asurbanipal (alfabetizado, raro entre los reyes asirios) ordenó copiar de templos y archivos de toda Mesopotâmia. La biblioteca ardió en el saqueo del 612 a.C., pero las tablillas de arcilla se cocieron con el incendio, preservándose intactas cuando de otro modo habrían sido destruidas por la humedad.

Fue en esa biblioteca donde se encontró, en el siglo XIX, la versión completa del Épico de Gilgameš — con la Tablilla XI del Diluvio, el paralelo directo del Génesis bíblico. Casi todo lo que la asiriología moderna sabe sobre literatura mesopotámica pasa, en alguna medida, por Nínive.

Deidad tutelar: Ishtar de Nínive

Ishtar tiene avatar local: Ishtar de Nínive, cultualmente distinta de Ishtar de Arbela. Los reyes asirios atribuyen sus victorias a ella; es la diosa bélica por excelencia del panteón neoasirio. Senaquerib construye para ella templos monumentales. La combinación de imperialismo militar + culto a Ishtar otorga al Estado neoasirio una teología particularmente sangrienta.

Lamassu

La iconografía más reconocible de Nínive son los lamassu — toros alados con cabeza humana, colosales, posicionados en las entradas de los palacios reales como guardianes mágicos. Cada uno pesa toneladas; fueron esculpidos in situ en caliza y transportados a Londres, París, Berlín y Chicago en el siglo XIX, donde aún forman piezas centrales de las colecciones asirias.

Perspectiva del juego

En Mensageiros do Vento, Nínive ocupa un lugar paradójico bajo la lente del juego.

Por un lado, es capital de un imperio demiúrgico — refinamiento neoasirio de la máquina política de Babilonia y, antes, de Eridu. La teología bélica del Estado neoasirio es arquitectura carcelaria llevada a la crueldad máxima: deportaciones masivas, palacios con relieves narrando empalamientos, Ishtar reducida a diosa-mascota de conquistas. Bajo esta lectura, Nínive merecía el destino que tuvo en el 612 a.C.

Por otro lado, es el lugar donde la memoria akáshica del mundo mesopotámico fue preservada por el azar improbable de un rey alfabetizado y una biblioteca que se incendió. Sin Asurbanipal y sin el incendio, el Épico de Gilgameš, el Atrahasis, el Enuma Elish, los himnos de Enheduanna y tantos otros textos estarían perdidos. La continuidad akáshica que permite a la lore del juego conectar la antigua Mesopotâmia con el mundo post-Apocalipsis pasa, literalmente, por las tablillas de Kuyunjik.

Los Mensageiros que acceden a Nínive akáshica encuentran las dos cosas superpuestas sin síntesis fácil: la máquina imperial que produjo el trauma de las Diez Tribus de Israel, y la biblioteca que salvó tres milenios de memoria escrita del mismo pueblo que el imperio torturó.

Véase también